Mediadores de Pakistán y Qatar informaron de un "progreso alentador" durante las intensas negociaciones entre las delegaciones de Estados Unidos e Irán en Suiza, donde ambas partes acordaron una hoja de ruta integral para lograr un acuerdo de paz definitivo en un plazo de 60 días. El vicepresidente JD Vance encabezó la delegación estadounidense, mientras que el presidente del Parlamento iraní, Mohammad-Bagher Ghalibaf, dirigió el equipo negociador iraní. Las conversaciones representan la continuación de los esfuerzos diplomáticos tras la firma oficial de un memorando de entendimiento destinado a poner fin a la guerra iniciada a finales de febrero de 2026. Vance expresó que la posición negociadora estadounidense busca "un nuevo comienzo" en las relaciones bilaterales, enfatizando que Estados Unidos está dispuesto a transformar fundamentalmente su relación con Irán, supeditado a la voluntad iraní de abandonar las actividades de desestabilización regional y renunciar a sus ambiciones de armas nucleares a largo plazo. El marco diplomático vincula explícitamente la reapertura física del Estrecho de Ormuz al cumplimiento por parte de Irán de disposiciones específicas relativas a la eliminación del uranio altamente enriquecido y al posible descongelamiento de miles de millones de dólares en activos iraníes congelados en instituciones financieras internacionales.
Sin embargo, el progreso diplomático se ha visto ensombrecido por la continua escalada militar y la retórica incendiaria del presidente Trump, quien ha amenazado públicamente con reanudar los bombardeos contra Irán si Teherán no cesa de inmediato sus actividades interpuestas en el Líbano. A pesar de las declaraciones oficiales de alto el fuego, Israel ha continuado las operaciones militares en el Líbano, causando la muerte de 83 personas en un solo día, a pesar de las afirmaciones de que se había implementado el alto el fuego. El ejército israelí se ha negado a comprometerse a poner fin a su ocupación del sur del Líbano, donde las fuerzas de Hezbolá mataron a cuatro soldados israelíes durante enfrentamientos recientes. Este patrón de compromiso diplomático y escalada militar simultáneos refleja las tensiones fundamentales que subyacen al conflicto, ya que los actores militares de ambos bandos mantienen capacidades operativas y objetivos estratégicos que pueden no coincidir con las posiciones de negociación diplomática. La fragilidad del acuerdo de alto el fuego queda aún más patente con el anuncio de Irán de que volverá a cerrar el estrecho de Ormuz en respuesta a las operaciones militares israelíes, lo que sugiere que las acciones militares tácticas pueden socavar rápidamente el progreso diplomático. La convergencia de las negociaciones diplomáticas y las operaciones militares crea un equilibrio inestable en el que el progreso hacia la paz depende de una moderación militar que ninguna de las partes ha demostrado de forma consistente.
