El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán anunció el sábado el cierre del estrecho de Ormuz, alegando violaciones sistemáticas del acuerdo de alto el fuego por parte de Estados Unidos e Israel, especialmente en lo que respecta a las operaciones militares en Líbano. El mando militar iraní emitió advertencias a la navegación internacional, alertando a los operadores de buques sobre los riesgos para la seguridad que conlleva el tránsito por esta vía marítima estratégica y aconsejando a las tripulaciones evitar el paso. Esta acción representó una escalada drástica en las tácticas de presión de Irán, ya que el estrecho de Ormuz se había reabierto en virtud del memorando de entendimiento preliminar firmado apenas unos días antes, el cual estipulaba un período de 60 días de libre tránsito para el comercio internacional. El cierre amenazaba con interrumpir el suministro energético mundial, dado que esta vía marítima es la ruta principal de aproximadamente el 20% del petróleo y el gas natural que se transportan en el mundo, y cualquier bloqueo prolongado podría tener graves consecuencias económicas en varios continentes. Mohammad Mokhber, asesor del líder supremo de Irán, advirtió que el flujo de recursos energéticos a través de Oriente Medio permanecería interrumpido mientras el acuerdo entre Estados Unidos e Irán «siguiera siendo solo papel», sin una implementación sustantiva. El liderazgo iraní consideraba el continuo bombardeo israelí del sur del Líbano como una violación fundamental de los términos del alto el fuego, y el cierre del estrecho representaba su arma económica más poderosa para obligar a Washington y Tel Aviv a cumplir con el acuerdo.
La respuesta militar estadounidense fue rápida y contundente: el Comando Central declaró que las fuerzas estadounidenses permanecían desplegadas en toda la zona del estrecho de Ormuz y garantizarían el paso seguro del comercio internacional, independientemente de las declaraciones iraníes. El capitán Tim Hawkins, portavoz del CENTCOM, afirmó categóricamente que «Irán no controla el estrecho de Ormuz», y recalcó que 55 buques mercantes habían transitado con éxito por la vía marítima el sábado, a pesar del cierre anunciado por Irán. El presidente Trump reforzó esta postura al declarar que no se impondrían peajes iraníes al transporte marítimo durante el período de negociación de 60 días, aunque sugirió ominosamente que Estados Unidos podría imponer tarifas de paso si no se alcanzaba un acuerdo final. El enfrentamiento por el estrecho ejemplificó las tensiones más amplias que socavaban el proceso de paz, con cada parte empleando la presión económica y la retórica militar para obtener concesiones de la otra. Ejecutivos de la industria petrolera habían advertido previamente a la administración Trump que las interrupciones en el tráfico del estrecho estaban agotando las reservas mundiales de petróleo a niveles peligrosamente bajos, con el potencial de provocar aumentos drásticos de precios en las próximas semanas. Las reclamaciones contrapuestas sobre el control de la vía marítima y el derecho a imponer peajes reflejaban desacuerdos más profundos sobre los términos y la implementación del alto el fuego, lo que sugería que el camino hacia un acuerdo de paz integral seguía plagado de obstáculos y desconfianza mutua.
