VoS. MUNDO. El Tour de Francia ha comenzado con una intensidad frenética que ha dejado claro que la edición de este año será recordada por su tremenda exigencia física. Los ciclistas se han enfrentado a las primeras grandes ascensiones del recorrido, donde los equipos de los máximos favoritos al título han impuesto un ritmo de carrera verdaderamente asfixiante desde los kilómetros iniciales. La estrategia de las escuadras más potentes del circuito mundial ha consistido en desgastar a los rivales directos mediante ataques continuos en los puertos de primera categoría, provocando una selección natural entre los aspirantes a lucir el ansiado maillot amarillo en París.
Los aficionados locales y los miles de turistas que se han desplazado a los márgenes de las carreteras pirenaicas han disfrutado de un espectáculo deportivo de primerísimo nivel, caracterizado por descensos vertiginosos y fugas audaces. Las condiciones meteorológicas también han jugado un papel determinante, sumando un calor sofocante que ha puesto a prueba la hidratación y la resistencia de todos los miembros del pelotón. Con las clasificaciones generales extremadamente ajustadas tras estas duras jornadas, los directores deportivos ya planean las próximas batallas en las contrarreloj, sabiendo que cualquier mínimo error mecánico o desfallecimiento físico arruinará meses de riguroso entrenamiento.
