El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se enfrenta a una situación política sin precedentes, ya que la decisión unilateral del presidente Trump de buscar la paz con Irán socava los objetivos estratégicos fundamentales del líder israelí y su posición política interna. Netanyahu había calculado que una prolongada campaña militar conjunta entre Estados Unidos e Israel acabaría derrocando al régimen clerical iraní y reconfigurando fundamentalmente la geopolítica de Oriente Medio a favor de Israel, posicionándose como el artífice de una alianza transformadora entre Estados Unidos e Israel. En cambio, el giro abrupto de Trump hacia la negociación deja a Netanyahu políticamente expuesto, con altos funcionarios israelíes calificando en privado el acuerdo como "terrible para Israel" y expresando una oposición unánime en todo el aparato de seguridad israelí, desde el primer ministro hasta la cúpula militar. La confianza del público israelí en el compromiso de Trump con la seguridad de Israel se ha desplomado drásticamente, pasando del 64% en marzo a tan solo el 41%, según encuestas recientes, lo que daña gravemente la imagen cuidadosamente cultivada de Netanyahu como el único capaz de gestionar las relaciones con el presidente estadounidense.
El choque entre Netanyahu y Trump se manifiesta con mayor intensidad en el Líbano, donde Israel mantiene operaciones militares contra Hezbolá a pesar de la aparente exigencia del acuerdo entre Estados Unidos e Irán de un cese total de las hostilidades. Netanyahu, que se enfrenta a unas elecciones de otoño que se prevé que pierda, parece cada vez más dispuesto a desafiar públicamente a Trump. El ministro de Defensa, Israel Katz, ha declarado que las fuerzas israelíes permanecerán "indefinidamente" en territorio libanés ocupado, independientemente de los acuerdos internacionales. Los analistas políticos sugieren que la mejor esperanza de Netanyahu reside en el fracaso del acuerdo y la reanudación de las hostilidades dentro del plazo de negociación de 60 días, lo que le permitiría reivindicar su postura y reanudar las operaciones militares alineadas con los objetivos estratégicos israelíes. Esto representa un giro radical respecto a la anterior estrategia política de Netanyahu, en la que utilizó su relación con Trump como baza principal de su campaña, exhibiendo enormes vallas publicitarias con imágenes de ambos líderes durante elecciones anteriores.
