El papa León XIV concluyó el viernes en Tenerife su viaje apostólico de una semana por España, donde pronunció uno de sus mensajes más contundentes y emotivos sobre la crisis migratoria mundial. Al llegar al centro de acogida de Las Raíces —un antiguo cuartel militar que ha acogido a hasta 4.000 migrantes—, el pontífice se dirigió a cientos de personas desplazadas con un mensaje de dignidad humana universal y vulnerabilidad compartida. «En cierto modo, todos somos migrantes, pues todos somos peregrinos camino a nuestra patria celestial», declaró, haciendo hincapié en que la integración y la compasión deben trascender las fronteras nacionales y los cálculos políticos. Las Islas Canarias, donde el papa León XIV pasó sus últimos días en España, representan uno de los puntos críticos de migración en Europa, y la ruta atlántica hacia estas islas figura entre las travesías marítimas más peligrosas del mundo. Se estima que 1.906 personas —aproximadamente cinco al día— perdieron la vida intentando llegar a Europa por esta ruta tan solo el año anterior. La visita del Papa coincidió con la implementación de la histórica reforma de las políticas de migración y asilo de la Unión Europea, medidas que las organizaciones de derechos humanos han criticado ampliamente por considerarlas excesivamente punitivas y restrictivas. Las declaraciones de León XIII desafiaron directamente la retórica intransigente cada vez más extendida entre los líderes políticos europeos, en particular entre los de partidos de extrema derecha y conservadores que, si bien defienden los valores cristianos, abogan simultáneamente por barreras migratorias impenetrables.
Durante su discurso, el Papa León XIII lanzó una severa advertencia a los traficantes de personas, declarando que se enfrentarían a la justicia divina por explotar la desesperación de los migrantes vulnerables. «Quiero dirigirme claramente a quienes se aprovechan de la desesperación; a quienes organizan rutas de la muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan a los trabajadores, amenazan a las mujeres, engañan a las familias y convierten el sufrimiento ajeno en un negocio. ¡Basta! ¡Arrepiéntanse!», proclamó con visible emoción. Subrayó que los migrantes no buscan caridad ni privilegios especiales, sino respeto fundamental, dignidad y la oportunidad de construir una vida libre de miedo y privaciones. El Papa escuchó el testimonio de Bousso Diouf, un migrante nigeriano, quien expresó las profundas dimensiones humanas del desplazamiento forzado: «No pedimos privilegios. No pedimos compasión. Solo queremos respeto, humanidad y la oportunidad de vivir con dignidad». La gira española de siete días de Leo, que incluyó visitas a Madrid, Barcelona y las Islas Canarias, puso de relieve la intersección entre fe, justicia social y responsabilidad humanitaria, posicionando a la Iglesia Católica como un contrapeso moral a los movimientos políticos cada vez más nacionalistas y excluyentes en toda Europa.
