"Ciudades escaparate: el precio de expulsar a los vecinos"

No hace falta mirar los gráficos del Instituto Nacional de Estadística para entender que el mercado de la vivienda en España ha descarrilado; basta con darse una vuelta por el centro de Málaga, de Barcelona o del barrio de Chamberí en Madrid. La estampa se repite con una monotonía preocupante: cajetines con llave para turistas en los portales, franquicias de café de especialidad donde antes había una mercería y carteles de "se vende" a precios que rozan el delirio. Lo que durante años se vendió como el éxito indiscutible del modelo turístico español se ha convertido, por pura falta de regulación y previsión, en un problema de habitabilidad y de derechos básicos. El debate ya no va de turismo sí o turismo no; esa es una trampa dialéctica para evitar el fondo del asunto. La cuestión real es qué tipo de ciudades queremos construir. No es sostenible una sociedad donde emanciparse sea un lujo asiático para los menores de treinta y cinco años, ni donde un enfermero, un policía o un profesor tengan que destinar el sesenta por ciento de su sueldo a pagar el alquiler de un piso de cuarenta metros cuadrados. Cuando las ciudades se diseñan exclusivamente para el que está de paso, terminan perdiendo el tejido humano que las hacía atractivas en primer lugar. Se convierten en parques temáticos: estéticos, limpios, pero profundamente vacíos. La inacción política en este frente empieza a pasar factura a la cohesión social. Las sucesivas leyes y parches normativos no han servido para frenar la sangría de los precios ni para poner coto real a la proliferación de pisos turísticos ilegales. Culpar alegremente a la "ley de la oferta y la demanda" es una dejación de funciones intolerable cuando lo que está en juego es el acceso a un techo. Hace falta valentía para intervenir con cabeza, persiguiendo el fraude con mano dura y fomentando un parque público de alquiler que deje de ser el vagón de cola de Europa. Si los ayuntamientos y las comunidades autónomas siguen de perfil, protegiendo la rentabilidad inmediata frente al bienestar de sus ciudadanos, se encontrarán con ciudades muy bonitas para las fotos de Instagram, pero donde ya no quedará nadie para poner las calles.

¿Te ha gustado este artículo?

Suscríbete para recibir noticias exclusivas y actualizaciones diarias.

Volver al inicio